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Asistí este fin de semana a la boda de un familiar, en la frontera norte. El tema infaltable de todas las mesas: la influenza. Desde los universitarios con posgrado hasta los sin escuela coincidían que era un acuerdo internacional de gobiernos para distraernos de la crisis y de otros asuntos más graves. Las líneas de argumentación eran similares. También surgieron hipótesis de terrorismo biológico, de origen humano y extraterrestre. En un momento me pareció estar en los sesenta o setenta del siglo pasado, donde todo lo malo provenía para unos del imperialismo yanqui y para otros del comunismo. Sucede que el avance tecnológico nos ha servido sólo para inventar historias y documentar nuestro pensamiento mágico, porque es de Internet de donde provienen tan imaginativas como absurdas teorías de conspiración. Parece que nada cambia.
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