|
“Siento decepcionarte, eso lo hago con cualquiera”, le dice la doctora María a la paciente María cuando ésta le expresa su gratitud eterna por haberle dado atenciones extraordinarias en una hospitalización y brindado cuidados personalísimos como bañarla. Es cierto: desde estudiante, la atea María se entregaba a la atención de los pacientes con una pasión de misionera en un campo de guerra, engañando los controles institucionales haciéndose pasar por pariente de los hospitalizados. La paciente María, nunca creyó en la capacidad de la mujer para la medicina, hasta que se topó con la otra María, que ha cuidado de su salud como si fuera su madre, su hermana o su hija. Ahora sabe que en la cabeza de la mujer cabe toda la ciencia y en su corazón toda la pasión. Mezcla perfecta.
|