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Cuando al apóstol Tomás le anunciaron la resurrección de Jesús se negó a admitirla. Pidió como prueba ver sus heridas y meter sus dedos en el lugar de los clavos y la mano en su costado. Con la misma duda de Tomás, muchos piden ver a los muertos por la influenza humana para creer en el virus, sus efectos y la emergencia sanitaria. En el Facebook, con humor e inteligencia, escasa y a veces ausente en las redes, Angel Ayala dice irónico: “Algunos amigos míos no creen en la influenza porque no conocen ningún enfermo, tampoco conocen a nadie que se haya ganado el Melate, pero lo compran hasta dos veces por semana... qué cosas ¿no?” Somos irracionales y fantasiosos lo mismo para dudar de lo evidente como para creer en lo imposible
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