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Breverías - Jorge Enrique González
El duende
Por lo general los responsables de los errores, que a veces son “horrores”, en periódicos, revistas, imprentas y editoriales son la ignorancia de autores y correctores, su descuido o la falta de supervisión. Pero algunas faltas pasan todos los filtros del saber, se vuelven invisibles al ojo que las persigue y aparecen impresas, siempre burlonas, siempre acusadoras, siempre destructoras. Un grupo de escritores de fama mundial escribieron y corrigieron un libro perfecto y se atrevieron a presumirlo: “Este libro está libre de eratas”, se leía. Donde debía decir erratas decía eratas. Su soberbia fue castigada sin clemencia por el duende invencible de las imprentas, ese personaje que inventamos para justificar nuestra ignorancia gramatical, que a veces tiene dimensiones enciclopédicas. Es el que nos hace escribir basta por vasta, primer mujer por primera mujer.
 
Mujer desnuda

Murió Benedetti. Lo extrañaremos en cada mujer:  “Una mujer desnuda y en lo oscuro// tiene una claridad que nos alumbra//  de modo que si ocurre un desconsuelo// un apagón o una noche sin luna// es conveniente y hasta imprescindible// tener a mano una mujer desnuda.// Una mujer desnuda y en lo oscuro// genera un resplandor que da confianza// entonces dominguea el almanaque// vibran en su rincón las telarañas// y los ojos felices y felinos//  miran y de mirar nunca se cansan.// Una mujer desnuda y en lo oscuro//  es una vocación para las manos//  para los labios es casi un destino//  y para el corazón un despilfarro//  una mujer desnuda es un enigma//  y siempre es una fiesta descifrarlo.//  Una mujer desnuda y en lo oscuro//  genera una luz propia y nos enciende…//”

 
Adefesio

“Construyen edificio en Insurgentes”, informó el periódico famoso por sus títulos certeros. Desde el bar el director deletreó al tipógrafo: “Construyen a-de-fe-sio…”  Tenía prohibido hacer cambios, porque  ponía “dolor” donde decía “dolo”, alterando el sentido informativo. Esta vez esperó con diccionario en mano al director, pero no contaba con que un edificio ridículo, extravagante y feo es un “adefesio” y eso quería informar el periodista. Ayer me recordó la anécdota Francisco Flores Soria cuando me llamó para saber si yo tenía un corrector como aquel del “edificio”. Le expliqué que de las faltas de forma y fondo soy único responsable. Debí escribir “vastedad”  para decir “abundancia” y escribí “bastedad”, que dice “grosera y toscamente”. Excepcionalmente la falta enriqueció el texto. Pero no fue el conocimiento sino mi ignorancia, vasta y basta, que la engendró.

 
A manos llenas

“Cuando Dios da, da a manos llenas”, solían decir los viejos. Y vaya que a México y al mundo entero nos ha dado con vastedad. La crisis económica que se adivinaba gigante fue minimizada por el corpulento secretario de Hacienda al compararla con un catarrito. Pues fue una neumonía, en sentido figurado y en sentido real. La influenza humana terminó por dar el golpe mortal a la economía mexicana. Empresas multinacionales del ramo turístico cerraron sus puertas y no se ve su pronta reapertura. Miles de pequeños negocios no pudieron pagar los sueldos a sus empleados y han quedado sin liquidez para reabastecerse y pagar la renta. Así que ese dicho de las manos llenas se cumple con exactitud. Ojalá se cumpla cuando las cosas mejoren y mejoren a manos llenas. Urge. ¡Ya!

 
Lo hago con cualquiera

“Siento decepcionarte, eso lo hago con cualquiera”, le dice la doctora María a la paciente María cuando ésta le expresa su gratitud eterna por haberle dado atenciones extraordinarias en una hospitalización y brindado cuidados personalísimos como bañarla. Es cierto: desde estudiante, la atea María se entregaba a la atención de los pacientes con una pasión de misionera en un campo de guerra, engañando los controles institucionales haciéndose pasar por pariente de los hospitalizados. La paciente María, nunca creyó en la capacidad de la mujer para la medicina, hasta que se topó con la otra María, que ha cuidado de su salud como si fuera su madre, su hermana o su hija. Ahora sabe que en la cabeza de la mujer cabe toda la ciencia y en su corazón toda la pasión. Mezcla perfecta.

 
Todos somos Tomás
Cuando al apóstol Tomás le anunciaron la resurrección de Jesús se negó a admitirla. Pidió como prueba  ver sus heridas y meter sus dedos en el lugar de los clavos y la mano en su costado. Con la misma duda de Tomás, muchos piden ver a los muertos por la influenza humana para creer en el virus, sus efectos y la emergencia sanitaria. En el Facebook, con humor e inteligencia, escasa y a veces ausente en las redes, Angel Ayala dice irónico:  “Algunos amigos míos no creen en la influenza porque no conocen ningún enfermo, tampoco conocen a nadie que se haya ganado el Melate, pero lo compran hasta dos veces por semana... qué cosas ¿no?”  Somos irracionales y fantasiosos lo mismo para dudar de lo evidente como para creer en lo imposible
 
Edípicos

Edípicos, pagamos por los plebeyos claveles el precio de las aristócratas orquídeas, llenamos restaurantes, nos endeudamos a plazos, dijimos palabras hermosas y nos entregamos en abrazos de fotografía este domingo de madres. Pero hoy, como siempre, regresa todo a la normalidad: las madres mayores olvidadas por los hijos, las más jóvenes con la exigencia diaria del cuidado de los otros, muchas agredidas por sus parejas. Yo hago votos porque las madres reciban menos regalos y serenatas a cambio de que todos cambiemos para hacer nuestra aportación en las muchas tareas que llevan a cabo todos los días casi de manera exclusiva, porque creemos que su papel de madre las hace soportar todo 364 días al año para merecerlo todo el décimo día de mayo. Más hechos, menos palabras. Tenemos un año para lograrlo.

 
Virus y discriminación

“Orales!!! aislemos al enfermo o apliquemos la de hitler no?", escribió alguien en Facebook cuando el gobernador del estado dio a conocer el primer caso confirmado de Influenza Humana en Nayarit. Esa es la verdadera razón por la que el nombre de los afectados por el novísimo virus debe mantenerse en el anonimato. El aislamiento es para proteger a los otros, el anonimato para protegerlos a ellos de la “discriminación, el linchamiento o el extermino”, como propone nuestra versión cora de Hitler. No nos sorprenda lo que hacen otros países con México y los mexicanos en estos tensos tiempos de Influenza. ¡Asustémonos de lo que somos capaces de hacernos nosotros mismos! Porque con esta epidemia nos surgió lo mejor y lo peor como personas, como grupo, como nación. Sigamos alerta a ambas manifestaciones.

 
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