Breverías - Jorge Enrique González
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Muy joven empecé a dar consulta mientras estudiaba en la UNAM. El doctor Manuel Valdés me cedía su consultorio los sábados y me remitía los pacientes que a su juicio requerían mi intervención. Un día recibí a unos padres afligidos con la conducta de su hijo, a punto de ser definitivamente expulsado de la escuela. Constantemente recibían reportes por las agresiones físicas y verbales que su muchacho dirigía a sus compañeros. Apenas tuve tiempo de intercambiar unas palabras con el inquieto niño. Dos semanas después me dijeron que el problema estaba arreglado. Sentí una dicha inmensa por la efectividad de mi intervención psicoterapéutica. Pero vino el desengaño: el grupo entero se organizó contra el agresor y le propinó una golpiza que lo hospitalizó por dos días. Regresó al salón totalmente cambiado, dócil, amigable. |
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Un atento lector de Breverías recuerda los días del absolutismo presidencial y sus excesos en materia lisonjera, a los que Nayarit contribuyó con creces. Han pasado muchos años desde que el presidente Luis Echeverría estuvo en Guayabitos y la memoria puede no ser exacta, pero un secretario general de la Liga de Comunidades Agrarias habló así al hombre hecho Dios: “Vea, señor Presidente, el hermoso sol de esta región, pero si usted dice que es de noche, olvidaremos todos el sol”. Yo recuerdo poetas, intelectuales y científicos que llegaron a vergonzosos extremos para exaltarlo. Eran los costos de un Presidente fuerte, que eso necesitaba el país, nos decían. Era autor de todo lo bueno. Concluido su sexenio, sería el responsable de todo lo malo, según el ritual, para que resplandeciera el nuevo astro. |
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“Que viva la gente trabajadora de Tecuala, Acaponeta y Huacojiri”, remató su discurso Miguel de la Madrid, candidato a la Presidencia de la República, en acto proselitista al norte de Nayarit. Vino una ovación orgásmica de la multitud. Evidentemente, el futuro Presidente había cometido un error de lectura o de pronunciación, pero en esos tiempos los hombres del poder eran infalibles, así que todos empezaron a cambiarle el nombre a Huajicori por el Huacojiri presidencial. En la siguiente concentración de campaña se leía en las mantas: “Miguel, hijo predilecto de Huacojiri”. Se quiso incluso cambiar oficialmente el nombre del serrano municipio. Con argumentos de teólogo, alguien explicó que el Presidente nunca se equivoca y que por una deficiente sonorización escucharon Huacojiri. Comprobada su infalibilidad, sin culpas Huajicori recuperó para siempre su nombre milenario. |
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En sus tiempos estudiantiles le apodaron El Griego. Juan Carlos partió de su natal Acaponeta a Guadalajara, donde se inscribió en el Instituto Bribiesca para estudiar diseño. Contó a sus amigos que venía de La Atenas Nayarita, una ciudad al norte de Nayarit, donde todas las tardes las chicas tocaban piano y los mozos declamaban poemas de Amado Nervo. Pese a que él había hecho en cuatro años su preparatoria (entonces se cursaba en dos), rascaba la guitarra y cantaba algunas canciones de moda. Los alumnos del Bribiesca se mofaban al nombrarlo El Griego, pero para él era un halago, porque toda la vida había oído que vivía en la Atenas Nayarita, muy cerca de la Venecia Nayarita. Viejo ahora, quiere conocer la Acaponeta Griega y la Mexcaltitán Italiana. Se irá de viaje. |
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Éramos apenas unos niños. El rector del seminario nos leyó la cartilla: nuestra correspondencia privada podía ser leída. Yo no pude entender entonces, ni ahora, el derecho que alguien puede tener sobre la privacidad de otra persona. En realidad, aquel hombre tenía que hacernos la advertencia por razones de reglamento, pero tolerante, moderado, respetuoso, siempre entregó las cartas cerradas, sin rastro del menor intento de entrometerse en lo que no le importaba. En el pasado, la intervención de conversaciones telefónicas e intercepción de correspondencia nos eran tan ajenas que sólo las veíamos en películas de detectives. Por eso me cuesta entender a mis amigos que viven tocados por la paranoia, pues nada dicen por teléfono, nada escriben por correo electrónico, pues están seguros de ser espiados. ¿A alguien le importará nuestra vida privada? |
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La violencia contra las mujeres es a la sociedad lo que a las personas la hipertensión arterial: un asesino silencioso. Pasa inadvertida, porque las propias mujeres la aceptan como la normalidad. Esa invisibilidad hace que los agresores no sean castigados. “La violencia contra las mujeres en el entorno familiar es el crimen encubierto más frecuente en el mundo”, dice un demoledor estudio del panorama de la violencia contra las mujeres en Nayarit. Casi la mitad de las mujeres casadas o unidas han sido agredidas. Pero lo que verdaderamente asusta es que 83 por ciento no denuncia; por cada diez cuatro no lo hacen porque creen que el agresor tiene derecho de reprenderlas, tres por vergüenza, una cuarta parte por miedo y dos porque no confían en las autoridades. ¡Todos somos… agresores o cómplices! |
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Me ha dolido, y mucho, este Día de la Mujer. Tengo dos hijas y me aterra que tengan el destino que en Nayarit la vida ofreció a 43 de cada 100 mujeres casadas o unidas, que han sufrido violencia emocional, económica, física y sexual por parte de su pareja. La cantidad es tan alta, casi la mitad, que nadie se escapa de que su propia madre, hermana, hija o familiar cercano sean violentadas. La violencia va desde un sencillo dejar de hablar hasta agresiones que ponen en peligro la vida. Nadie puede celebrar festivamente el Día de la Mujer. Yo quisiera decir a los agresores que chinguen a toda su madre, pero agredo al género femenino. Así que mejor chinguen a toda su existencia, emocional, económica, física y sexualmente. Por todos los siglos. |
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Con los cambios en el gabinete presidencial de nuevo es tema la lealtad y capacidad. ¿Leales o capaces? Leales y capaces. El asunto es que los capaces despiertan sospecha de deslealtad y lo obsequioso de los leales les hace parecer incapaces. Pocos tienen olfato para encontrar alta capacidad y lealtad a toda prueba en una persona, así que algunos prefieren un gobierno de compadres y otros han experimentado sin éxito encargar la integración de sus equipos a especialistas en selección de personal. Lo cierto es que existen mecanismos de control que evitan la deslealtad de los capaces, pero por desgracia el mundo desconoce la manera de hacer capaces a quienes tienen la lealtad como única virtud, y en hordas se adueñan de instituciones y las depredan en un abrir y cerrar de ojos. |
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