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Breverías - Jorge Enrique González
El extraño reloj
Lo vi en una película aún en cartelera: Un hombre ciego construye el reloj en la estación del ferrocarril, que al momento de ser solemnemente inaugurado todos descubren con manecillas que avanzan en sentido contrario. El relojero dice que así lo diseñó para ver si los hombres que fueron a la guerra y en ella murieron, regresan para vivir la vida que les correspondía, para ver si su propio hijo vuelve por su propio pie, no en una caja de madera. Alguien me ha dicho que la historia impresiona porque todos, personalmente y como sociedad, hemos construido nuestros relojes de manecillas inversas con la esperanza de borrar los pasados dolorosos, los errores propios y ajenos y recuperar nuestros paraísos perdidos. Y sí: a veces escucho el discreto tic tac de ese extraño reloj.
 
Consuelo

Nació entre el olor de la tinta. Hija y nieta de periodistas, llegó de la calurosa Acaponeta a Tepic y mientras estudiaba en la Preparatoria Uno de la UAN aprendió el oficio de reportera de la mano de Paco Ocampo en El Observador de Nayarit. Se fue a la Ciudad de México a estudiar comunicación. Aprendió el oficio de editor y fundó su propia empresa, que ha ganado  altos reconocimientos. Mejoró las finanzas e hizo crecer a una de las mayores empresas editoriales de la lengua española y ayer fue nombrada directora de CONACULTA. Alguna vez Consuelo Sáizar dijo en entrevista que siendo Acaponeta patria de Alí Chumacero y de la señorita México 1979, el destino de las niñas de aquella ciudad era leer poesía o ser peinadora. Escogió lo primero. Escogió bien.

 
Destino de gorrión

“Cuando los chinos quieren matar a los gorriones, no dejan que se posen en los árboles. Los hostigan con palos, no dejan que se posen, y así les van quitando aliento, hasta que se les rompe el corazón. Con los que quieren volar mucho, yo hago lo mismo. Dejo que vuelen. Más tarde o más temprano, todos se caen, como los gorriones”, le dijo Juan Domingo Perón al periodista Tomás Eloy Martínez. Lo leí hace años y no supe quién era el orfebre de metáforas, si el general que condujo la psicosis nacional argentina o el novelista deslumbrante en que se convertiría el periodista. Me vuelve a la memoria ahora que muchos políticos, sobre todo los empeñados en alcanzar la Presidencia de la República,  de tanto volar tendrán el destino del gorrión: caerán.

 
Consejeros héroes

Los consejeros del IFE están alcanzando el tamaño de héroes. Vea usted: rechazaron el aumento salarial que les haría ganar 330 mil pesos mensuales y recibirán sólo 172 mil. ¿Quién se puede dar el lujo de negarse  un justo aumento de sueldo? Ni usted ni yo. Pero ellos quieren solidarizarse con los trabajadores de México, con aquellos que no alcanzan a salir la quincena, quieren sentir y sufrir como cualquier mexicano de salario raquítico. No sólo son los guardianes de nuestra democracia, son ciudadanos ejemplares. ¿Cuánto costará una estatua de oro? Donemos nuestras joyas para hacer una para cada uno. Para que este país no olvide las glorias de sus héroes ciudadanos. Debemos ser ejemplo para el mundo, tan ayuno de gigantes. Son la versión laica y mexicana de San Francisco de Asís.

 
Todos somos consejeros

La conducta de aquel funcionario público era atípica entre los burócratas, especialistas en meterse zancadillas unos a otros. Él apoyaba por todos los medios que mejoraran sustancialmente los sueldos de sus compañeros sin importar que empleados de menor rango ganaran más que él. Cuando le pregunté la razón de su actitud, dijo que era por propia conveniencia. Tarde o temprano su ingreso mejoraría, porque no podía estar por debajo de sus pares. Cuando todo mundo criticaba las altas jubilaciones de los trabajadores del Seguro Social decía que el país debería luchar porque todos tuviéramos esas prestaciones y no crucificar a quien las habían alcanzado. Acabo de verlo y me ha dicho: “Imagínate un México donde todos ganáramos como consejeros”. Se refiere a los consejeros del IFE, que se pagan 330 mil pesos mensuales.

 
Obras de papel

Hace varias administraciones estatales se contrató a una empresa local  la fotografía y video de cientos de obras públicas en todos los municipios para ilustrar el Informe de Gobierno. La Secretaría de Planeación entregó listas de obras concluidas y en proceso y su ubicación exacta. Para sorpresa de fotógrafos y funcionarios una de cada tres no existía. Donde decían que había empedrado, permanecía la arena; donde indicaban alumbrado, aún no había siquiera energía eléctrica; donde reportaban banquetas, ni rastro de cemento. Ni siquiera era un asunto de corrupción, pues nadie se había quedado con el dinero. Era algo más grave: la competencia absurda de los funcionarios por mostrar quién hacía más, aunque para ello hubiera que mentir y alterar las estadísticas oficiales. Entonces entendí eso de que la ficción supera a la realidad.

 
Contraloría accidental

Cuando los dos camarógrafos entregaron su reporte tronó un escándalo de repercusiones mayúsculas. La dependencia federal había contratado a nuestra empresa un registro urgente de la situación de los inmuebles donde prestaba su servicio a lo largo del estado. Se formaron dos equipos para tomar video y fotografía. Todo marchó bien, hasta que llegó la noche. Se supone que encontrarían a personal de guardia que les daría acceso a las instalaciones. Prácticamente en ningún lugar encontraron al personal de turno nocturno. Para el organismo público federal sus servicios se prestaban 24 horas del día, 365 días al año. Los usuarios sabían que en la noche nadie abría las puertas. Existían dos realidades: la oficial y la de los ciudadanos. Sé que aquel inocente reporte de los camarógrafos motivó medidas correctivas. Una contraloría accidental.

 
Dejar de hacer

"Un hombre no es lo que piensa: es lo que hace. Un país es, a veces, lo que un hombre dejó de hacer", leí en una novela sobre militares latinoamericanos y me vino a la memoria en ocasión de hacerse públicas omisiones graves de un altísimo funcionario experto en pensar. "Cuánto daño hacen la simulación y la autocomplacencia", le reclamó su superior en mensaje digital. Como dice la novela, Nayarit puede llegar a ser lo que muchos funcionarios han dejado de hacer por décadas. Labiosos y lisonjeros, son expertos en convencer a sus jefes que hacen, pero nada hacen. Han moldeado a Nayarit con lo que dejan de hacer. Si conoces uno, llámalo por su nombre: simulador. Hacen más daño que los corruptos. Generalmente no se dan por aludidos; sé claro. Son legión.

 
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